7/06/2016

HOMENAJE AL DOCTOR ÉDGAR REVÉIZ ROLDÁN

UNIANDINOS

HOMENAJE AL DOCTOR ÉDGAR REVÉIZ ROLDÁN


Presentación: Carlos Zorro Sánchez
Bogotá, abril 6 de 2016


Tengo el privilegio de haber sido invitado a presentar algunos aspectos destacados de la trayectoria intelectual y profesional del doctor Edgar Reveiz Roldán, tarea esta difícil no porque, como ocurre en muchos casos, haya que entrar a escudriñar en su actividad qué aportes pueden descubrirse, sino porque, al contrario, en esa trayectoria hay tantas contribuciones a la comprensión y a la práctica del desarrollo, a la vida universitaria y a la reflexión intelectual, que no es fácil resumirlos en unos breves minutos.

Originalmente arquitecto de profesión, con título de la Universidad del Valle (1961), Edgar ha mantenido en sus preocupaciones y en su pensamiento una constante que lo liga a esa formación original: su interés por lo territorial que pronto se vincularía con el tema del desarrollo, abordado en sus estudios en el Instituto de Estudios de Desarrollo Económico y Social, IEDES (París, 1966). Este instituto, dirigido en ese entonces por el eminente pensador François Perroux, fue pionero en una aproximación compleja al desarrollo, que no solo desafiaba el enfoque puramente economicista que prevalecía entonces en las universidades anglosajonas, sino que volvía a introducir en la reflexión económica y social, y especialmente en las discusiones sobre el crecimiento y el desarrollo, el elemento espacial, relegado por entonces a los análisis de localización de las firmas individuales.
A su regreso a Colombia, Edgar llevó a la práctica esas ideas como jefe de Estudios Regionales del Departamento Nacional de Planeación (1968-1971); profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de los andes, Director del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la misma facultad y Decano de esta entre 1978-1986. Desde el primero de estos cargos, en Planeación Nacional, dirigió el llamado “Modelo de Regionalización de Colombia” en el que la propuesta de reorganización administrativa del territorio colombiano se basaba en un elemento que hoy, en la globalización contemporánea, ha adquirido una importancia de primer orden para la comprensión y la orientación de los procesos de desarrollo: el sistema de ciudades que, por primera vez en Colombia, entendía los centros urbanos como nodos de una red, interconectados por flujos de diversa naturaleza. Hoy en día, este tipo de análisis tiende a presidir la comprensión de los procesos de desarrollo en el ámbito global. Ahora bien, el trabajo realizado en esa ocasión e incorporado en los “Planes y Programas de Desarrollo” de la administración del Presidente Lleras Restrepo, se tradujo además en una serie de decisiones que fueron incorporadas a la normatividad o a las políticas, algunas de las cuales han seguido influyendo hasta nuestros días: la ley 33 de 1968 por medio de la cual se provee al fortalecimiento de los Fiscos seccionales y municipales y los grandes proyectos de integración sectorial en los sectores eléctrico (ISA), educativo y hospitalario.

Al terminar su trabajo en el DNP, Edgar inició su fructífero paso por la Universidad de los Andes en la Facultad de Economía, donde inicialmente como profesor, introdujo las primeras cátedras en economía urbana y regional que algún tiempo después darían lugar a la elaboración de un texto del que fui coautor: “Economía Regional, Bases para la comparación de tres enfoques”. Otra innovación institucional que tomó forma bajo su impulso fue la creación de una Opción en Desarrollo Regional y Urbano, la primera que existió en la universidad, presentada al Consejo Directivo en agosto de 1973 por el Decano de la Facultad de Economía y aprobada en mayo del año siguiente. Esta opción, inspirada en la idea del minor existente en varias universidades estadounidenses y de la mention del sistema universitario francés, permitió a los estudiantes focalizar su atención en el tema del desarrollo regional y urbano de manera flexible, mediante su acceso a un conjunto de cursos opcionales de las facultades de administración, economía, ingeniería, arquitectura y ciencia política. El impacto de esta opción fue significativo, tanto porque esta alternativa académica se extendió luego al conjunto de la universidad y se multiplicó rápidamente –en el catálogo de 2014 aparecen registradas 53 opciones-, sino porque, de hecho, constituyó el primer paso hacia la creación del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales, Cider, que hoy, celebrando sus cuarenta años, permanece bajo el nombre de Centro Interdisciplinario de Estudios para el Desarrollo, Cider.

La conformación de este centro tuvo lugar con una intensa participación de Edgar y el primer programa en planificación del desarrollo regional, auspiciado por el Instituto de Estudios Sociales, ISS, de La Haya, Países Bajos, tuvo lugar en el período 1977- 1978, cuando Edgar estaba iniciando su actividad como Director del Centro de Estudios en Desarrollo Económico, CEDE, de la Facultad de Economía y, simultáneamente, actuaba como coordinador del programa por parte de la Universidad de los Andes, siendo el otro coordinador un representante del instituto holandés. Pocos años después, en 1980, el profesor Reveiz asumió la Decanatura de la Facultad de Economía en la que permanecería hasta 1987. En los diez años en que estuvo a cargo de la dirección del CEDE y la decanatura de la Facultad de Economía, inició una intensa actividad editorial como fundador de la revista Desarrollo y Sociedad, que ha llegado hoy a su número 76 y como autor y editor de diversos libros, a los que se hará referencia más adelante, los cuales pusieron de presente no solo su interés en variados aspectos del desarrollo nacional, sino su perspicacia para analizarlos y su capacidad para proponer lineamientos de política pública para abordarlos.

Su retiro de la Decanatura marcó el final de un primer ciclo académico en la vida del profesor y lo llevó a asumir diversas responsabilidades con la Organización de las Naciones Unidas, ONU: Asesor Técnico Principal del PNUD en Burkina Faso (1987-1990), asesor para el diseño de estrategias económicas de los gobiernos de Senegal y Guinea (1990-92) y de varios gobiernos latinoamericanos en el diseño e implementación de políticas para la lucha contra las drogas (1992-94). Simultáneamente, a partir de 1991, a su regreso a Colombia, asumió la dirección ejecutiva de la Corporación Promotora de las Comunidades Municipales de Colombia (PROCOMUN), cargo que desempeñó hasta 1998.

Al finalizar estos diez años, en los que hizo gala de sus competencias técnicas y administrativas, Edgar, además de realizar actividades de consultoría en distintos campos relacionados con el desarrollo –particularmente en gestión pública, economía institucional y política fiscal-, regresó a las actividades académicas como profesor visitante y conferencista de varias universidades norteamericanas y europeas en las áreas de desarrollo económico, descentralización, economía institucional y política fiscal y como catedrático en universidades colombianas. Por lo demás, a partir de ese momento intensifica sus contribuciones intelectuales mediante la publicación de varios libros.

Pero antes de presentar y comentar brevemente las contribuciones de Edgar en esta materia, conviene agregar que sus aportes han sido reconocidos en distintos ámbitos particularmente del mundo académico. Es así como ha sido distinguido como Presidente Emérito de la Escuela para la Gerencia del Desarrollo Social EGEDES (Consorcio 30 instituciones), como Profesor Destacado de la Universidad de los Andes por la Asociación de Egresados de esta universidad en septiembre de 2005, habiendo recibido además el reconocimiento institucional en los 60 años de la Universidad del Valle, por su sobresaliente y distinguida trayectoria profesional. Actualmente es Miembro de Número y Secretario General de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas (ACCE).

Al hablar de la trayectoria profesional de Edgar Reveiz resulta imposible dejar de lado un aspecto central: sus numerosas publicaciones y particularmente sus libros que contienen lo más profundo, interesante y muchas veces inquietante del pensamiento del autor.
Estos libros se han referido a temas muy diversos, unidos todos por su voluntad de contribuir desde distintos ángulos al desarrollo desde una perspectiva a todas luces interdisciplinaria. A continuación me permito presentar algunos de ellos con algunos comentarios puramente personales que me permitirán resaltar algunas de sus contribuciones.

Dos libros publicados con siete años de diferencia muestran su interés premonitorio en la información, asunto este considerado hoy como absolutamente crucial para entender y orientar los procesos de desarrollo: Poder e Informacion (1977) y La información para el desarrollo colombiano, este último con Eduardo Aldana, presente en esta mesa, y Vladimir Slamecka, V. (1984). La tesis desarrollada en estos trabajos se refiere a las asimetrías de información en el proceso de decisiones públicas, con base en el estudio de tres casos de relevancia nacional.
En el intermedio, Edgar participó como editor y, en dos casos como coautor de libros referidos a temas sectoriales en Colombia: la cuestión cafetera y la crisis energética –cuya vigencia hoy sigue siendo ampliamente reconocida- y a la deuda externa latinoamericana.

Este último fue el primero de un conjunto de tres obras referidos a temas internacionales que contaron con la participación de Edgar, siendo los otros dos, “Enfoques sobre el origen de la crisis mundial del 2008” en el que además de incluir un artículo, lideró un grupo de otros diez académicos que examinaron el tema desde distintas perspectivas, y “El Desenlace Neoliberal: Tragedia o Renacimiento”, uno de sus trabajos más interesantes desde la perspectiva de la globalización, que la articula con los procesos nacionales y que, en cierta forma, proyecta su concepción de país, que se menciona a continuación, hacia el ámbito global.

Esta concepción de país se expresa en lo que yo considero un gran ciclo referido a las instituciones colombianas, que se inicia con “Democratizar para sobrevivir” (1989) y que incluye otras cuatro grandes obras, grandes por su tamaño pero, sobre todo, por la pertinencia e importancia de las reflexiones que contienen. Ellas son, en su orden, El Estado como Mercado (1997), El Estado Regulador de Riesgos (2007), El Estado Lego y la Fractura Social, en el mismo año, y El Estado Estratega para el Ordenamiento territorial (2013) que, de alguna manera, cierra el ciclo, articulándolo con las preocupaciones iniciales del autor en lo relativo a las cuestiones territoriales del desarrollo.

Tomaría mucho tiempo presentar los numerosos aportes brindados por el autor en estos libros. En consecuencia y de manera un poco arbitraria, me atrevo simplemente a enunciar algunos de los asuntos que personalmente más me han atraído a partir de su lectura.


  • Su interpretación del sistema capitalista imperante en Colombia -fuertemente influido por el Frente Nacional- que percibe organizado en tres sociedades: una sociedad cooptada en la que se encuentran los grupos de presión privados que capturan el Estado, una sociedad no cooptada de la que hace parte la mayoría de la población pero que tiene una influencia por lo general secundaria en las grandes decisiones del país y una sociedad ilegal.
  • Su teoría de los mesocontratos o arreglos resultantes de lo que el autor considera transacciones de compraventa entre las distintas sociedades y que por su influencia en las decisiones políticas y en la regulación de los procesos sociales, constituyen en cierta forma, a juicio del autor, la verdadera Constitución que rige en el país.
  • Su visión del Estado como mercado, resultante de la instrumentación del modelo neoliberal durante los años 90, como consecuencia de la cual se privatizaron no solo las empresas sino las políticas económicas y sociales, fortaleciendo la captura que de estas ya habían hecho los grupos de presión privados, la sociedad cooptada. Llevada al extremo y puesta en el ámbito de la globalización, esta transformación habría de llevar al mercado a convertirse en Estado.
  • Su interpretación de las transformaciones recientes del capitalismo que pasan del Estado como mercado (1950-1990) al mercado como un Estado virtual (1990-2001) y a lo que Edgar llama “el neoliberalismo mafioso”, o sea, los Estados Nación sometidos a poderes internacionales capturados por las clases oligárquicas de los países e infiltrados por intereses mafiosos (1990-2005).
  • Su convicción de que el riesgo se ha venido imponiendo como nuevo criterio de intervención del Estado tras el colapso del Estado Providencia. En la línea de Beck, Edgar plantea que se ha pasado de la sociedad de clases en que era la miseria la que clamaba por una acción estatal, a la sociedad del riesgo en que es el miedo el que mueve las demandas sociales: miedo a la crisis económica, a la crisis ambiental, a las nuevas epidemias y, diríamos hoy, al terrorismo global, demandas cuyas respuestas el Estado trata de dejar en manos de los otros agentes de la globalización.
  • Su apreciación de que mientras hubo un período en que la evolución de las instituciones se daba a largo plazo, con una participación social considerable, hoy los cambios institucionales se organizan como las piezas prefabricadas de un rompecabezas o de un juego de “lego”, suministradas o más bien “vendidas” en este caso a los Estados por organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Mientras antes estos organismos daban “servicios” de apoyo y cooperación, hoy venden “contenidos” o recetas que al carecer de cimiento cultural no solo conducen a grandes fracasos sino que resultan ser experiencias fugaces que, en consecuencia, no logran dar respuestas efectivas a cuestiones tales como la protección contra los riesgos, mencionada en el punto anterior.
  • Su conclusión de que el territorio colombiano, al igual que su sociedad, está fragmentado, cooptado y es excluyente, a lo que se suma la ausencia de una fuerza estratégica planificadora, de una política nacional de ordenamiento territorial que logre armonizar los beneficios del mercado con las identidades territoriales nacional, regional y local. La configuración de los sistemas sectoriales y su compleja y confusa conectividad en el territorio da lugar, muchas veces, a una profusión de proyectos incoherentes, llamados con gran frecuencia a fracasar por los elevados costos de transacción que se generan entre los diferentes niveles territoriales.


Los análisis anteriores son complementados con diversas propuestas de solución que quizás podrían resumirse en la que constituye el título de una de las obras más emblemáticas del autor: “Democratizar para sobrevivir”, democratización que implica una transformación a fondo de la sociedad colombiana, en la que cese la fragmentación social, sectorial y territorial que ha permitido la cooptación del poder por parte de ciertos grupos, incluyendo algunos de carácter delictivo, en beneficio propio y en desmedro del conjunto de la población.

El pensamiento del profesor Reveiz, que espero no haber traicionado en el esbozo elemental que he intentado hacer de las algunas de las ideas centrales contenidas en sus obras más emblemáticas, es de una enorme riqueza y de una gran complejidad. Lejos de él la repetición de lugares comunes o la simple síntesis del pensamiento de otros autores. Lo suyo es una reflexión propia, densa y sin concesiones, anclada, claro está, en ideas de otros autores, pero que va más allá de los planteamientos de estos, bien sea mediante su enriquecimiento con aportes propios o tomados de otras vertientes, o mediante su confrontación con realidades nacionales, particularmente la colombiana y con alguna frecuencia la francesa, o con las experiencias en curso de la globalización.

Tomaría demasiado tiempo entrar a comentar los marcos conceptuales que iluminan sus planteamientos y la manera como estos se articulan para dar lugar las referidas ideas. Baste señalar que a ellas se llega combinando elementos institucionales, económicos, sociales y políticos en un entramado interdisciplinario presidido por la ética. El razonamiento tiene una influencia innegable de las teorías recientes de la complejidad, que se pone cada vez más en evidencia a medida que se avanza en la sucesión de sus obras y que se manifiesta definitivamente en “El Estado Regulador de Riesgos”. Pero hay un elemento más que debe resaltarse: se observa en el autor una permanente preocupación por sustentar las ideas en análisis empíricos o en ejemplos que constituyen fotografías o videos de la realidad. Sus capítulos no se limitan a plantear disquisiciones abstractas, sino que sistemáticamente buscan apoyar las afirmaciones en hechos reales o en datos empíricos; a unos y otros da interpretaciones que pueden ser discutibles pero que, son invariablemente sugestivas y que suscitan, por eso mismo, inquietudes pertinentes que debieran ser resueltas en el marco de unas políticas de desarrollo bien concebidas y ejecutadas.

A este respecto considero indispensable llamar la atención al menos sobre dos aspectos de la obra que estamos comentando. En primer lugar, el profundo sentido ético de los planteamientos que, a mi juicio, constituyen la columna vertebral del pensamiento de Edgar: una sociedad fragmentada, en la que un grupo, el que denomina “sociedad cooptada”, se apropia de gran parte, por no decir, de la mayor parte de los frutos del desarrollo y que compite por ellos con otro fragmento de sociedad, infortunadamente importante por su incidencia sobre distintos aspectos del desarrollo colombiano, la sociedad criminal, ilegal, sociedad que se aleja de los criterios éticamente valiosos que están llamados a orientar las decisiones públicas. Naturalmente, esto ocurre porque los principios éticos de quienes conforman esa sociedad fragmentada son deleznables. Una nueva sociedad, un nuevo país solo pueden construirse sobre los cimientos de una nueva ética capaz de sustentar procesos de desarrollo que conduzcan a una sociedad mejor para todos y en que todos puedan llegar a ser mejores.

En segundo lugar, el hecho de que las aproximaciones simplistas que desconocen las transformaciones del mundo contemporáneo y la complejidad de los procesos que en este contexto tienen lugar, no solo son incapaces de iluminar el camino hacia el desarrollo, sino que pueden llevar a graves equivocaciones en las decisiones que se adopten con respecto a la selección de ese camino. Los procesos locales y nacionales no pueden verse hoy aisladamente, sino en sus múltiples relaciones con un mundo en proceso de globalización acelerada que en uno u otro sentido influye sobre tales procesos.

Es indudable que la obra del doctor Reveiz merece ser objeto de creciente atención, a la vez como fuente de conocimiento para los académicos y sus estudiantes, y como cantera de ideas para los responsables de la concepción y diseño de políticas públicas. Con tal propósito, me atrevería a sugerirle al autor que, al igual que lo han hecho otros autores de trabajos igualmente densos y comprensivos, condense en una nueva obra lo que es el estado actual de su pensamiento que ha venido decantándose a lo largo del tiempo en los distintos campos que ha abordado y recomendar a sus editores que esa nueva obra tenga una amplia difusión en los diversos medios que están llamados a aprovechar sus reflexiones y sugerencias. Esto, sin perjuicio de que continúe ofreciendo los productos de esa mente inagotable en los distintos campos del saber.

El tiempo me obliga a detenerme aquí, no sin antes sumarme a quienes están felicitando a Edgar por tan merecido homenaje y agradecer a los organizadores por el honor que me han conferido su deferencia al invitarme a comentar una obra tan valiosa y enriquecedora.

Gracias.


Carlos Zorro Sánchez